Y volvió el terror a Molins de Rei

19/12/2019

 

© Joan Gosa

Se acerca fin de año y, con ello, debo cumplir con mi ránking de mejores películas del año, peores películas y mejores series… Pero no quería dejar terminar 2019 sin dedicar un pequeño post a mi nueva colaboración con el festival de cine de terror de Molins de Rei por segundo año consecutivo.

Como el año pasado (podéis ver el resumen en este vídeo), este 2019 me encargué de dirigir las performances que se llevan a cabo durante la maratón de 12 horas de cine de uno de los festivales de cine de terror más importantes de nuestro país. Para ello me autoimpuse dos normas: la primera, por supuesto,  era no repetirse. La segunda era ligar de alguna forma el inicio de este año con el final del anterior, pues recordemos que el último número del año pasado fue una trolleada en toda regla a los asistentes, que se quedaban con la duda de si el desmayo sufrida por Núria Montes durante el último número (en el que ella hacía de la niña de “El exorcista”) era real o no (spoiler alert: ¡estaba preparado, y os la colamos!).

La primera idea vino en cuanto me dijeron que el leit motiv u homenaje de este año tenía que ver con el surrealismo y, en concreto, con el universo de David Lynch. Así, el primer número (que siempre tiene lugar mientras el público entra en la sala o, en su defecto, cuando ya están sentados y antes del discurso de bienvenida) consistiría no en una performance en vivo, sino en un vídeo que enlazaría con el “accidente” de Núria justo un año atrás. Tras un pequeño vídeo-resumen del número de “El exorcista”, descubrimos que Núria ha ido a parar a la Red Room de Twin Peaks (que no es si no el teatro de La Peni, donde se lleva a cabo el festival) y, cual Laura Palmer, habla a los espectadores de la edición de este año hablando al revés (nota mental: quiero más rodajes donde los personajes hablen así). Les da la bienvenida y les presenta a un personaje que va a estar con ellos esa noche: el Frank Booth de “Terciopelo Azul”, interpretado en esta ocasión por otro de mis actores fetiche, Edgar Moreno.

Efectivamente, Edgar ya se había estado paseando por la cola lanzando miradas asesinas, evaluando orejas para cortar y respirando por su mascarilla de oxigen como el mítico personaje de Dennis Hopper, así que cuando lo vieron en pantalla ya les conocían de haberse enfrentado con él en la entrada. Y cuando se abren las luces tras el vídeo, Edgar les observa desde el lado de la pantalla y, ahora sí, se da el pistoletazo de salida a la maratón de las 12 horas.

Para rematar el tema del vídeo, quiero hacer mención al día en que lo rodamos, aproximadamente un mes antes del festival. Como no podía ser de otra forma tratándose de un festival de terror, el rodaje se llevó a término en unas condiciones de miedo: era el primer día tras saberse los resultados de la sentencia de “el procés”, el día antes se había cortado el acceso al aeropuerto y para el día de rodaje se estaba hablando de cortar carreteras y vías del tren, por lo que no sabíamos si íbamos a poder llegar a Molins y hacerlo todo a tiempo. No solo eso, sino que no podíamos posponerlo debido a los horarios dispares de los miembros del equipo: o rodábamos ese día o no rodábamos, por falta de agenda (yo me iba al Nocturna, Núria ensayaba y trabajaba fuera, y necesitábamos un margen de tiempo para la postproducción antes de arrancar el festival). Sin embargo, afortunadamente todo salió bien y el vídeo, como ya he explicado, se vio perfectamente con la sala llena.

Tras eso, como el año pasado, el reto consistía en elaborar tres números. Al contrario que en 2018, esta vez optamos por no seguir un hilo conductor de unión y simplemente basarnos en temas que podían ser de actualidad para los asistentes del festival. Así, las tres performances ejecutadas fueron las siguientes:

1) Chernobyl. La miniserie de HBO ha sido uno de los highlights del año y ha puesto de moda el accidente de las centrales nucleares de Ucrania. Así, el primer número empezaba con una luz y un sonido de sirena, mientras una voz en lengua rusa anunciaba el estado de alerta y pedía que nadie saliera de la sala. Edgar, Xavi Nicaise y Litus Cruces (que repetían como actores del año pasado) irrumpían en el teatro con monos y máscaras de gas (originales de la época soviética, ojo: cosas de Wallapop) y, tras dejar una camilla en el escenario, se ponían a buscar posibles infectados de radiación. Iban sacando “”voluntarios”” al escenario de forma brusca y, tras un violento debate, se llevaron de la sala a una pobre chica tras atarla a la camilla: la infectada que habían estado buscando.

2) El circo de los horrores. Mientras Edgar volvía a incomodar al personal como Frank Booth paseándose por la platea, Litus y Xavi se convertían en dos payasos psicópatas en el segundo número, consistente en algo tan simple como hacer petar el globo más grande posible con una bombona de helio delante de las narices del público.  Globo, eso sí, relleno de purpurina para que al explotar las primeras filas se acordaran de nuestras madres. Risas histéricas, mucha provocación y ambiente decadente en el año en el que It: capítulo 2 y Joker han vuelto a poner de moda a los payasos asesinos.

3) Terciopelo azul. Tras toda la noche incomodando al personal, llegaba el momento en el que Frank Booth tenía que cortar una oreja. Por supuesto, no podía cortar de verdad la de alguien del público, así que su víctima era un Xavi lobotomizado embutido en una camisa de fuerza al que el trío de maquilladoras de Thuya había incrustado una oreja falsa sobre una bolsita de sangre. Al ritmo hipnótico del “Blue Velvet” de Isabella Rosellini y bañados en luz azul, Edgar llevaba tranquilamente a Xavi al escenario en una silla de ruedas y, tras un breve momento de Señor Rubio, lanzaba la oreja cercenada al público para que algún afortunado se la pudiera llevar a casa como souvenir.

En resumen, otro año disfrutando del ambiente que se crea en un fantástico festival de terror. Y es que, como dice un amigo mío que se prodiga bastante en el género como director, “el terror tiene el mejor público“: pasar miedo, en cine, es sinónimo de divertirse muchísimo. Y la maratón de las 12 horas del Terrormolins es, en ese sentido, la mayor fiesta que existe.

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